MIL Y UN MANERAS DE AMAR #1

MIL Y UN MANERAS DE AMAR #1

Compartir es una de las maneras, de las formas más hermosas y poderosas de amar, me parece: eso lo aprendí del Nazareno. Así que, aquí te iré compartiendo tesoros que me he encontrado a lo largo de mi vida para hacer de ella una mejor experiencia cada día.

Tengo que confesarte algo de suma importancia: casi todo lo que digo es resultado de la siguiente fórmula: los hallazgos de la sabiduría de los grandes para iluminar mi vida, para resolver mis problemas, superar mis fracasos y la necesidad de seguir adelante. Mi único mérito es compartirte lo que he hallado en setenta y un años de vida.

Tengo setenta y un años y te confieso que a veces estoy sonriendo y todo me parece iluminado y maravilloso; y a veces, siento que mi vida apesta y bastante… pero ya aprendí que después de los malos días vienen buenos días… Y como me dijo un sabio Maestro Budista: aprende de lo malo y disfruta de lo bueno.

Aprendí que una parte muy importante de la sabiduría de la vida es saber entretejer las diferentes experiencias y conocimientos para imaginar y crear obras maestras de las ciencias, las artes, los negocios, de la vida misma. Estudié en la escuela de la vida y de la calle y el campo y también en la academia donde me gradué con honores en la Licenciatura en Economía y en la Maestría en Educación Superior y luego estudié la Especialidad en Desarrollo Humano con enfoque psicoterapéutico Gestalt…

Compartir no significa que necesariamente todo será risas, alegría, abrazos, besos… Tal vez, las más de las veces las cosas no salgan bien y la mayor parte del tiempo tenga uno que avanzar a contracorriente. Pero pese a todo, los pocos éxitos compensarán de sobra todos los fracasos.

De mi Maestro Hugo, un Misionero Marista, aprendí que el amor también tiene dimensiones muy materiales. Por eso, para compartir he creado mi sitio web gentemejorando.com donde el que quiere puede encontrar oportunidades, que comparto, relacionadas con el desarrollo personal, pero también con su economía y sus finanzas, su negocio en casa, su libertad financiera; su nutrición, alimentación y salud; su activismo ambientalista y ecologista; entre muchas otras cosas.

De mi Maestro Hugo, un Misionero Marista, aprendí que el amor también tiene dimensiones muy materiales. Él recién había regresado de alguna apartada y miserable comunidad en la que había vivido realizando su Misión. Nos hablaba de sus experiencias y vivencias en esa comunidad. Todo lo que él nos platicó me impactó muchísimo porque, en aquel entonces yo era un niño de ocho años, devoto cristiano, católico, apostólico y romano, que vivía la mitad del tiempo en la ciudad de Mérida y la otra mitad en las comunidades Mayas, conviviendo con mis amigos Mayas. Cierto que mis amigos Mayas y sus familias eran de menores recursos económicos que mi familia; pero eso no fue obstáculo para que yo aprendiera y me identificara con mucho de lo que el Maestro Hugo nos platicaba, así que empecé mis aventuras de vivir amorosamente y…

Un buen día regalé toda mi ropa a un amigo Maya… y mis padres se encargaron de enseñarme muchas cosas a partir de ese hecho, porque, en los hechos, tuve que ir a recoger la ropa que había regalado. Afortunadamente, la madurez de los padres de mi amigo me ahorraron muchas sensaciones, emociones y sentimientos desagradables, porque sabiendo que mis padres me llevarían a recoger la ropa, la habían mantenido en el mismo paquete. Pero en todo ésto yo tuve una pérdida visible inmediata: mi amigo; pero tuve otras pérdidas más profundas relacionadas con las creencias, de las que hablaré en otra ocasión.

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